“Publicar o perecer” (publish or perish) es una frase común usada para describir la presión que sienten los investigadores en publicar los resultados de sus investigaciones con el fin de mantenerse relevantes y tener éxito dentro de la comunidad académica. Aunque los orígenes de la frase son un tanto confusos, ésta existe desde hace mucho tiempo. Algunos investigadores atribuyen la expresión a Kimball C. Atwood III, de quien se dice haber acuñado la frase en 1950.

Quizá para la gente alejada de la vida universitaria le es desconocido que los profesores universitarios, al menos los que realizan actividades de investigación y se constituyen en científicos o humanistas o tecnólogos, tienen la obligación de dar a conocer los resultados de sus estudios, y la forma de hacerlo es escribir y publicar sus descubrimientos. De hecho, los resultados de las investigaciones que están escritos y publicados, son el andamiaje que sostiene al conocimiento científico, y lo escrito tiene que ser divulgado en medios especializados como las revistas científicas.

A la difusión de los resultados se le denomina comunicación científica, y esta no se hace hablando de los hallazgos en seminarios o conferencias de expertos, ni comunicándolos en el aula a los estudiantes, ni compartiéndolos con amigos en un café, no, todo esto se hace después; primero hay que escribirlos y publicarlos. Los productos finales de una investigación que se guardan en secreto, que se archivan, no sirven de nada, ni a la ciencia ni al investigador ni a la institución que lo alberga. ¿Por qué razón? ¿A qué clase de ocurrencia o creencia obedece esta conducta de tener que escribir el fruto de un estudio y luego publicarlo?.

En el siglo XVII nacieron las primeras revistas científicas: el Journal des Savants de Francia, y el Philosophical Transactions of the Royal Society de Inglaterra. Este fue el comienzo de la globalización del conocimiento científico y de la construcción de la ciencia moderna. En el siglo XIX las revistas científicas se multiplicaron y, de ser multidisciplinarias, comenzaron a aparecer las revistas especializadas en uno u otro campo del conocimiento, entre ellas la medicina.

Asimismo, fue en ese siglo cuando los textos escritos por los investigadores adoptaron el formato de un reporte que comienza explicando: Qué se estudió (introducción), cómo se estudió (metodología), qué se encontró (resultados), y qué significa lo encontrado (discusión), el cual es el formato que con diversas variaciones siguen en la actualidad las revistas científicas. Esta estructura de redacción fue desarrollada por Louis Pasteur. El que publica da fe, en los hechos, de su existencia; el que no publica perece… académicamente. Con estas reflexiones del quehacer académico me incorporo a nuestra revista Salud Quintana Roo, con la intención de trabajar por y para ella, y por ende, para ustedes ávidos lectores, haciendo una atenta invitación para que nos envíen sus trabajos de investigación para su posible publicación, con la única recomendación de que se sujeten estrictamente a los lineamientos editoriales establecidos internacionalmente para este tipo de publicaciones y que aparecen en el portal de internet de la revista y en texto en el último número de la revista de cada año.

Dr. Guillermo Padrón Arredondo
Co-editor