Proceso de Atención Nutricional en pacientes hospitalarios con VIH y riesgo nutricional.
Nutritional Care Process in Hospitalized Patients with HIV and Nutritional Risk.
Autores: Melissa Gutiérrez Cortesᵃ; Karla Yelitza Ponce Garcíaᵇ;
RESUMEN
Introducción: La desnutrición es un fenómeno frecuente en pacientes con infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y abarca numerosas alteraciones de los indicadores del estado nutricional. El riesgo de muerte se incrementa a medida que aumenta la pérdida de peso. Objetivo: Aplicar el Proceso de Atención Nutricional (PAN) de manera óptima en pacientes de etapa adulta, diagnosticados con VIH y riesgo nutricional, con el fin de mejorar su estado nutricio, en el Hospital General de Playa del Carmen.
Material y métodos: La investigación es un estudio cuasiexperimental, se realizó una intervención a 6 pacientes hospitalizados y se examinaron los efectos usando métodos seleccionados (la evaluación y monitoreo de la ingesta alimentaria del paciente y las medidas antropométricas).
Resultados: La evolución de la ingesta nutricional mostró una tendencia general al aumento progresivo y sostenido en
todos los componentes evaluados (energía, proteínas, lípidos, hidrato de carbono y líquidos) desde la evaluación inicial hasta el cuarto monitoreo, tanto en pacientes del género masculino como femenino. Los pacientes masculinos mostraron cambios discretos pero positivos en su composición corporal y fuerza muscular; el grupo femenino se mantuvo estable en la mayoría de los indicadores, con mejoras ligeras en algunos parámetros funcionales.
Conclusiones: Los resultados demuestran que el PAN es una herramienta efectiva y adaptable para el abordaje nutricional en pacientes con VIH, permitiendo mejorar la ingesta y preservar el estado nutricional en un entorno de alta vulnerabilidad. Estudios futuros con muestras mayores y seguimiento prolongado podrían aportar mayor evidencia sobre los beneficios sostenidos de la intervención nutricional en esta población.
Palabras clave: Infecciones por VIH, Desnutrición,Terapia nutricional, Estado nutricional, Factores de riesgo, Hospitalización.
ABSTRACT
Introduction: Malnutrition is a frequent condition among patients with Human Immunodeficiency Virus (HIV) infection and involves multiple alterations in nutritional status indicators. The risk of mortality increases as weight loss progresses. Objective:To apply the Nutrition Care Process (NCP) optimally in adult patients diagnosed with HIV and at nutritional risk, in order to improve their nutritional status at the General Hospital of Playa del Carmen.
Material and methods: This research was a quasi-experimental study. An intervention was conducted in six hospitalized
patients, and its effects were examined using selected methods, including dietary intake assessment and monitoring, as well as anthropometric measurements.
Results: The evolution of nutritional intake showed a general trend toward a progressive and sustained increase in all evaluated components (energy, protein, fat, carbohydrates, and fluids) from the initial assessment to the fourth monitoring, in both male and female patients. Male patients showed discrete but positive changes in body composition and muscle strength, while the female group remained stable in most indicators, with slight improvements in some functional parameters.
Conclusions: The results demonstrate that the NCP is an effective and adaptable tool for nutritional management in patients with HIV, allowing improvement in dietary intake and preservation of nutritional status in a highly vulnerable setting. Future studies with larger samples and longer follow-up periods could provide stronger evidence regarding the sustained benefits of nutritional intervention in this population.
Keywords: HIV Infections, Malnutrition, Nutrition Therapy, Nutritional Status, Risk Factors, Hospitalization.
INTRODUCCIÓN
El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un virus que debilita el sistema inmunitario (1). La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que “el VIH provoca una infección que ataca el sistema inmunitario del cuerpo y puede provocar síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)”(1). El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de VIH menciona, en su informe histórico del primer trimestre 2024, que durante el año se han diagnosticado 4,531 individuos con VIH en México y en el estado de Quintana Roo un total de 234 individuos, siendo el estado con mayor incidencia de la República Mexicana. (2) El estado nutricional juega un papel clave en mantener un sistema inmunológico fuerte y en evitar que el VIH avance hacia el SIDA. La OMS (2024) define la malnutrición como “las carencias, los excesos y los desequilibrios de la ingesta calórica y de nutrientes de una persona”. Este término abarca dos grandes grupos de afecciones, siendo uno de ellos la desnutrición, que incluye el retraso del crecimiento, la emaciación, la insuficiencia ponderal y la carencia o insuficiencia de micronutrientes (falta de vitaminas y minerales importantes), por lo que existen múltiples factores importantes que influyen en la desnutrición. La malnutrición en personas con VIH surge principalmente de dos factores: una ingesta insuficiente de alimentos y nutrientes, y la inflamación derivada de la enfermedad. Este estado se manifiesta como pérdida de peso, reducción de masa muscular y grasa, deficiencias de vitaminas y minerales, además de alteraciones en el perfil bioquímico. Estas condiciones están vinculadas con el avance de la enfermedad y un aumento en los índices de morbilidad y mortalidad. (3) La desnutrición es un fenómeno frecuente en los infectados por el VIH, y abarca numerosas alteraciones de los indicadores del estado nutricional como parámetros bioquímicos, aspecto físico, depleción muscular y adiposidad, siendo el síndrome de desgaste la máxima expresión de este, el riesgo de muerte se incrementa a medida que aumenta la pérdida de peso, los estados graves de desnutrición se consideran como una entidad marcadora de sida. (4) Es importante llevar a cabo estrategias nutricionales en cada paciente de acuerdo con su estado nutricional, el Proceso de Atención Nutricional permite evaluar las necesidades específicas de cada paciente, ajustando las intervenciones nutricionales según su estado clínico y evolución, se representa mediante un modelo cíclico que, además de mostrar visualmente los cuatro pasos, integra otros aspectos esenciales para el cuidado nutricional (Figura 1). El PAN es un enfoque integral y dinámico que incluye la monitorización, intervención y seguimiento continuo de las necesidades nutricionales. Esto mejora la calidad de la atención, además de optimizar los recursos disponibles, tanto materiales como humanos.
Primer paso: Valoración nutricional. Recoger, verificar e interpretar de forma sistemática toda la información nutricional (historia dietética y nutricional, valoración antropométrica, marcadores bioquímicos, examen físico relacionado con la nutrición e historia clínica) necesaria para realizar una valoración del estado nutricional del paciente. (5)
Segundo paso: Diagnóstico nutricional. Según lo menciona Carbajal y colaboradores (2020), se identifica y define la situación/problema nutricional, la etiología y los signos y síntomas.
Tercer paso: Intervención nutricional. El tratamiento incluye asesoramiento nutricional, dietoterapia y, cuando sea necesario, el uso de apoyo especializado. Es fundamental que la intervención sea personalizada, adaptándose a las necesidades específicas de cada paciente en cada momento.
Cuarto paso: Monitorización y seguimiento nutricional. Se valora la evolución del paciente y el cumplimiento de la intervención nutricional oral. La repercusión en el estado nutricional se reevalúa y se compara con la información recogida en la valoración inicial, mediante indicadores que reflejen cambios, tales como la modificación de hábitos alimentarios, variaciones en el peso corporal, cambios en la composición corporal y parámetros bioquímicos, entre otros. Este último paso forma parte de un proceso dinámico y cíclico que permite evaluar los resultados, de acuerdo con lo establecido en el Proceso de Atención Nutricional (PAN), así como modificar la intervención nutricional cuando sea necesario o reevaluar nuevamente el estado nutricional. Por ello, esta fase es fundamental para revertir el problema nutricional y prevenir la aparición de complicaciones futuras. Existen diversas causas que pueden conducir al fracaso de una intervención nutricional; una de las más relevantes es el incumplimiento, por parte del paciente, a la intervención planteada. De ahí la necesidad de implicar activamente al paciente en el proceso. Cada vez que el paciente es reevaluado, se genera un nuevo estado de situación, el cual permite analizar la evolución clínica y nutricional, así como planificar nuevamente la intervención nutricional (6).

Nota: D-N: Dietista-Nutricionista; P/C: Paciente/Cliente (6)
Como consecuencia de la malnutrición, los pacientes presentan un mayor número de complicaciones y una estancia hospitalaria más prolongada, la cual puede incrementarse entre un 40% y un 70%, e incluso más en el subgrupo de pacientes con malnutrición severa, en comparación con aquellos con estado nutricional normal (7).
El objetivo principal de esta investigación es la aplicación del PAN de manera óptima para el mejoramiento del paciente con riesgo nutricional hospitalario, diagnosticado con VIH en la etapa adulta (20-59 años), en el Hospital General de Playa del Carmen.
MATERIALES Y MÉTODOS
Estudio cuasiexperimental, longitudinal y de tipo cuantitativo. La selección de los participantes se realizó mediante muestreo no probabilístico por conveniencia, basado en la aplicación de criterios de inclusión y exclusión previamente establecidos, con el objetivo de delimitar la población de estudio de acuerdo con las características clínicas y éticas requeridas.
Criterios de inclusión
• Paciente hospitalario
• Paciente diagnosticado con VIH
• Tener un rango de edad de 20-59 años
• Que se encuentre consiente
• Que desee colaborar en el estudio
Criterios de exclusión
• Ser paciente con discapacidad intelectual
• Ser paciente con soporte nutricional (enteral o NPT)
• Paciente ventilado
• Menores de 20 años
• Mayores de 59 años
Se identificaron un total de 12 pacientes hospitalizados que potencialmente podrían participar en el estudio. Sin embargo,
tras aplicar los criterios, únicamente 6 pacientes cumplieron con los requisitos para ser incluidos en la muestra final: paciente hospitalizado en el Hospital General de Playa del Carmen, diagnosticado con VIH, tener un rango de edad de 20-59 años, que se encuentre consciente y que desee colaborar en el estudio. Se priorizó a aquellos pacientes en quienes se identificó riesgo nutricional por medio de los cribados: Tamizaje de Riesgo Nutricional (NRS-2002) y Escala de Control Nutricional (CONUT).
La técnica de recolección fue por medio de los instrumentos: Herramienta para el Proceso de Atención Nutricional en Pacientes con VIH, donde se registraron las medidas antropométricas iniciales y una entrevista directa con el paciente para conocer datos generales, tratamiento antirretroviral, datos patológicos y dietéticos, así como la ingesta diaria de alimentos. Posterior a la evaluación inicial, se implementó una terapia nutricional personalizada con el objetivo de cubrir los requerimientos energéticos e hídricos, así como mejorar el aporte de macronutrientes esenciales.Se realizó el monitoreo durante cuatro días, preguntando directamente al paciente la cantidad de alimentos y líquidos ingeridos.
Este proceso se llevó a cabo después de la entrega de dietas, con el propósito de conocer el aporte energético, proteico e ingesta total de líquidos durante dichos días. La toma de medidas antropométricas se repitió cinco días después de las primeras, utilizando los mismos métodos y procedimientos antropométricos cumpliendo el protocolo establecido por Lohman(8), recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Los lineamientos para la recolección de datos se realizaron respetando los derechos humanos, entregando al paciente o familiar un consentimiento informado, otorgado por la institución, antes de iniciar la recolección. Los datos de los pacientes fueron utilizados exclusivamente con fines de investigación y se manejaron de manera confidencial, evitando cualquier exposición inapropiada. El requerimiento energético otorgado fue calculado mediante fórmulas específicas adaptadas a las condiciones clínicas y enfermedades concomitantes de cada paciente, considerando factores como procesos infecciosos, inflamatorios o metabólicos asociados al estado de inmunocompromiso (Tabla 1).

Nota: Fórmulas para estimar el gasto energético. Elaboración propia, febrero 2025.(5)
RESULTADOS
En el gráfico No. 1, se puede apreciar la distribución porcentual de los niveles de alerta de desnutrición en la población evaluada (17% género femenino y el 83% género masculino). Esta distribución evidencia que los individuos analizados requieren seguimiento nutricional, dado su riesgo de presentar o desarrollar desnutrición.
Las afecciones más prevalentes fueron afecciones hepáticas (22%, principalmente hepatitis) y las renales (22%, como insuficiencia renal). Le siguen las afecciones pulmonares (14%, como neumonía adquirida en la comunidad, tuberculosis pulmonar), el síndrome gastrointestinal (14%), incluyendo casos de deshidratación y diarrea, el síndrome de desgaste (14%). En menor porción se encuentran la sepsis (7%) y las alteraciones endocrinas (7%). De acuerdo con las clasificaciones clínicas e inmunológicas del VIH, este perfil diagnóstico es consistente con pacientes en estadios clínicos avanzados, caracterizados por un mayor grado de inmunosupresión. Condiciones como la tuberculosis, candidiasis oral, y el síndrome de desgaste evidencian un compromiso inmunológico, mientras que las alteraciones hepáticas, gastrointestinales y renales afectan la absorción y metabolismo de nutrientes, aumentando el riesgo de desnutrición y condiciones clínicas.

Nota: La gráfica muestra la distribución porcentual de los participantes según el nivel de riesgo nutricional identificado, destacando una porción similar entre los niveles bajo, moderado y alto. Elaboración propia.
El gráfico No. 2, muestra la distribución porcentual de la carga viral en los pacientes evaluados. Para efectos de interpretación clínica, la carga viral se clasifico en indetectable y falla virológica. Este hallazgo resulta relevante, ya que una proporción importante de los pacientes presentó carga detectable, lo que sugiere un control virológico y nutricional optimo. Es importante aclarar que los pacientes que ingresaron al área hospitalaria contaban con un diagnostico previo de infección por VIH, por lo que no correspondían a diagnósticos recientes.

Nota: La gráfica 2, muestra la proporción de pacientes según el porcentual de carga viral, indicando que la mayoría presentaba falla virológica al momento de la evaluación, lo cual representa un factor de riesgo adicional para el deterioro
nutricional. Elaboración propia.
La hospitalización se debió, en gran medida, al abandono del tratamiento antirretroviral, lo que aplica la presencia de falla virológica en una parte de la población estudiada. Asimismo, la hospitalización de pacientes con carga viral indetectable
puede atribuirse a situaciones de apego irregular al tratamiento, así como a la presencia de comorbilidades o complicaciones clínicas, aun cuando el control virológico hubiera sido alcanzado.
Cabe señalar que la valoración integral del estado clínico e inmunológico de las personas que viven con VIH requieren la interpretación conjunta de la carga viral y el recuento de linfocitos CD4, siendo este ultimo el principal marcador del grado inmunosupresión y progresión de la enfermedad. En este contexto, la falla virológica se define como la incapacidad de alcanzar o mantener una carga viral indetectable en personas que reciben o han recibido tratamiento antirretroviral, lo que incrementa el riesgo de progresión de la enfermedad y deterioro del estado nutricional.
La evaluación inicial permitió identificar los patrones de ingesta dietética de los pacientes al momento de su ingreso,
proporcionando un panorama del estado nutricional previo a la intervención. Los resultados obtenidos mostraron un consumo insuficiente en todos los componentes evaluados. (Tabla 2). Estos resultados evidencian un patrón de alimentación deficiente caracterizado por la baja ingesta de energía, macronutrientes y líquidos, lo cual justifica la necesidad de una intervención
nutricional urgente, personalizada y sostenida. El promedio de ingesta energética fue de 2,043.77 kcal/día, en
comparación con los 991.7 kcal registrados inicialmente, lo que representa una duplicación del aporte calórico, orientando a detener la pérdida de peso, favorecer la recuperación de la masa muscular y mejorar el estado general del paciente (Tabla 3).
En conjunto, estos datos reflejan una terapia nutricional correctamente ajustada a las necesidades del paciente, con
impacto positivo en la ingesta y, por lo tanto, en la evolución clínica.

Nota: La tabla presenta los valores promedio, mediana y desviación estándar de la ingesta dietética inicial de los pacientes hospitalizados. Kcal (calorías), Gr (gramos), Ml (mililitros). Elaboración propia.

Nota: La tabla presenta los valores promedio, mediana y desviación estándar de la ingesta dietética para la terapia nutricional según las necesidades de los pacientes hospitalizados. Kcal (calorías), Gr (gramos), Ml (mililitros). Elaboración propia.
La evolución de la ingesta nutricional muestra una tendencia general al aumento progresivo y sostenido en todos los componentes evaluados (energía, proteínas, lípidos, hidratos de carbono y líquidos) desde la evaluación inicial hasta el cuarto monitoreo, tanto en pacientes del género masculino como femenino (Tabla 2 y 3). El acompañamiento nutricional tuvo efectos positivos progresivos, con mejoras cuantificables en la ingesta diaria de los pacientes. La tendencia ascendente en los promedios de todos los indicadores evaluados respalda la efectividad de la intervención, destacando la importancia del monitoreo continuo en el cuidado nutricional de personas con VIH y riesgo nutricional hospitalario.
La comparación entre la medición inicial y la segunda medición de las variables somatométricas y de composición corporal
(Tabla 4) permitió observar diferencias importantes entre los grupos masculino y femenino. En general, los pacientes masculinos mostraron cambios discretos pero positivos en su composición corporal y fuerza muscular, mientras que el grupo femenino se mantuvo estable en la mayoría de los indicadores, con mejoras ligeras en algunos parámetros funcionales.

El gráfico No.3 presenta que, durante la evaluación inicial, la mayoría de los pacientes se encontraban clasificados dentro
del estado nutricional normal, con una frecuencia de cuatro pacientes, mientras que el resto se distribuía entre desnutrición aceptable y desnutrición severa, sin registros en las categorías de sobrepeso u obesidad. Sin embargo, en la segunda medición se observa un leve desplazamiento en la distribución de categorías: la cantidad de pacientes con IMC normal se redujo, y se registró un aumento en la categoría de sobrepeso. Este comportamiento sugiere que algunos pacientes experimentaron fluctuaciones leves en su peso corporal que modificaron su clasificación de IMC, posiblemente como resultado de la intervención nutricional hospitalaria. En particular, el descenso en la frecuencia de desnutrición severa y el incremento de casos en la categoría de sobrepeso pueden interpretarse como indicios de recuperación ponderal en algunos pacientes, aunque no necesariamente implica exceso de peso, sino una mejoría desde rangos inferiores.

Nota: La gráfica muestra la distribución de los pacientes según su clasificación nutricional basada en el IMC, comparando los resultados entre la medición inicial y la segunda, con variaciones mínimas entre ambas evaluaciones. Elaboración propia.
No obstante, es importante señalar que las diferencias observadas entre la medición inicial y la segunda no son marcadamente significativas como para cambiar de clasificaciones, debido a varios factores clínicos y metodológicos. En primer lugar, el intervalo de tiempo entre ambas mediciones fue corto, debido a la naturaleza de la estancia hospitalaria, lo cual limita la posibilidad de observar cambios sustanciales en variables como masa muscular o grasa corporal. Diversos estudios han demostrado que los cambios significativos en composición corporal requieren un tiempo de intervención de al menos de 8 a 12 semanas.(9)
En resumen, los resultados indican que, aunque los cambios entre la primera y segunda medición fueron leves, se logró preservar el estado nutricional en ambos sexos, con mejoras discretas en la composición corporal y fuerza muscular en el grupo masculino y estabilidad en el grupo femenino. Estos hallazgos refuerzan la importancia del monitoreo nutricional individualizado y continuo, así como la necesidad de extender el tiempo de observación para evaluar más profundamente el impacto de las intervenciones. Estudios con seguimiento prolongado o continuidad posthospitalaria permitirán obtener resultados más robustos y clínicamente significativos.
DISCUSIONES
El abordaje metodológico permitió integrar cada una de las etapas del PAN, desde la identificación del riesgo hasta la
evaluación del impacto de la intervención. Entre los indicadores analizados, el porcentaje de cambio de peso revelo que el 83.3% de los pacientes presentaban desnutrición grave al ingreso, situación que se mantuvo en la segunda medición, sin cambios en la clasificación. Si bien esto puede interpretarse como una falta de respuesta rápida al tratamiento nutricional, también puede valorarse como un resultado clínicamente positivo en términos de estabilidad ponderal en una población con alto catabolismo y procesos inflamatorios activos. (5) Es importante reconocer que el impacto limitado en algunos indicadores puede atribuirse al tiempo reducido de hospitalización, al tamaño muestral limitado (n=6) y a la complejidad clínica de los pacientes, muchos de los cuales presentaban comorbilidades infecciosas, inflamatorias o de base inmunosupresora. Asimismo, debe considerarse que el estado nutricional y metabólico de las personas que viven con VIH pueden verse influido por la terapia antirretroviral, cuyo impacto clínico, metabólico y nutricional varía en función del esquema utilizado, el tiempo de inicio del tratamiento y el grado de apego terapéutico. A pesar de estas limitaciones, el PAN permitió estructurar una atención nutricional eficaz, basada en evidencia, ajustada a las necesidades individuales
y con potencial de ampliación en futuras investigaciones con seguimiento ambulatorio.
CONCLUSIONES
La aplicación del Proceso de Atención Nutricional (PAN) en pacientes adultos de 20 a 59 años con diagnóstico de VIH y riesgo nutricional permitió comprobar su eficiencia como herramienta estructurada para mejorar la ingesta, estabilizar el estado nutricional y favorecer la atención individualizada en el contexto hospitalario. A través de la implementación sistemática de sus cuatro etapas, se logró una atención centrada a las necesidades específicas de cada paciente, considerando su condición clínica, nutricional y funcional. El PAN es una herramienta efectiva y adaptable para el abordaje nutricional en pacientes con VIH, permitiendo mejorar la ingesta y preservar el estado nutricional en un entorno de alta vulnerabilidad. Se recomienda fortalecer su aplicación en hospitales generales y complementar su impacto con estrategias de continuidad tras el egreso hospitalario. Estudios futuros con muestras mayores y seguimiento prolongado podrían aportar mayor evidencia sobre los beneficios sostenidos de la intervención nutricional en esta población.
REFERENCIAS
1. Organización Mundial de la Salud. VIH y Sida [Internet]. 2019. Disponible en:
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids
2. Colín-Soto S, Mendoza S, Arellanos-Jacinto J. Sistema de vigilancia epidemiológica de VIH [Internet]. México: Dirección de Vigilancia Epidemiológica de Enfermedades Transmisibles; 2024. Disponible en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/917597/VIH_DVEET_1erTrim_2024.pdf
3. World Health Organization (WHO). Malnutrición [Internet]. 2024. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/malnutrition
4. Linares-Guerra EM, Santana-Porbén S, Carrillo-Fornés O, León-Sánchez MA, Sanabria-Negrín JG, Acosta-Núñez N, et al. Estado nutricional de las personas con VIH/Sida: su relación con el conteo de las células T CD4+. Nutr Hosp
[Internet]. 2013 dic; 28(6):2201-2211. Disponible en:https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112013000600054&lng=es
5. Suverza A, Haua, K. El ABCD de la evaluación del estado de nutrición. [Internet] 1ra ed. México: McGraw-Hill Interamericana Editores, S. A. de C. V.;2010. Disponible en: https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:23f42955-8ac8-4bb5-8a2c-a4d5948a9004
6. Carbajal A, Sierra JL, López-Lora L, Ruperto M. Proceso de atención nutricional: Elementos para su implementación y uso por los profesionales de la Nutrición y la Dietética. Rev Esp Nutr Hum Diet [Internet]. 2020 marzo;24(2), 172–186. Disponible en:https://doi.org/10.14306/renhyd.24.2.961
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8. Lohman TG, Roche AF, Martorell R. Anthropometric Standardization Reference Manual. Champaign, IL: Human Kinetics Books; 1988. Disponible en: https://www.ngds-ku.org/Papers/J78/Lohmann.pdf
9. Olsen MF, Abdissa A, Kæstel P, Tesfaye M, Yilma D, Girma T, et al. Effects of nutritional supplementation for HIV patients starting antiretroviral treatment: randomised controlled trial in Ethiopia. BMJ [Internet]. 2014;348:g3187.
Disponible en: http://www.bmj.com/content/348/bmj.g3187
Fuentes de financiamiento:
La presente investigación no recibió ningún tipo de financiamiento externo.
Conflictos de interés:
Los autores declaran no tener conflictos de interés relacionados con este trabajo.



